Por Celeste Sánchez, periodista especializada en economía familiar y consumo.
La llegada de la cadena viral asiática a la Argentina vuelve a plantear un interrogante que se repite: si los números, tanto oficiales como privados, marcan desde hace meses una caída cada vez más pronunciada en el consumo, ¿cómo se explica que ayer, en la vuelta de Miniso a la Argentina, hubo filas desde la madrugada para poder entrar al local en su inauguración?

Algunos datos
Según Carlos Jamardo Arrigo, Gerente de Marketing de Miniso Argentina, «evidentemente Miniso genera cierto engagement emocional con los clientes pero también hay una realidad del consumidor argentino que está abierto y receptivo a las nuevas propuestas”. Y agrega “en general el promedio de compra de unidades por ticket en otros países de Latinoamérica es de entre 2 y 3 unidades, nosotros ayer tuvimos entre 5 y 6 unidades por ticket”
Algo similar ya se había observado hace algunos meses en la inauguración de la tienda de ropa deportiva Decathlon, en la que se vio el mismo comportamiento por parte de los consumidores: largas filas incluso antes de la apertura de los locales, compras muy encima del monto esperado y una clara contradicción con todas las tendencias de consumo actuales.
Otros ejemplos
¿Gente haciendo fila para pagar más de 10 mil pesos por una porción de torta? Sí, cuando la cadena estadounidense The Cheesecake Factory habilitó un punto de venta dentro de un conocido shopping de la Ciudad de Buenos Aires. Y unos meses antes se había dado el mismo furor en la apertura del primer local de Victoria’s Secret, que en poco más de un año en el país ya tiene 6 sucursales en funcionamiento.
Pero entonces: ¿hay plata para consumir o no? La respuesta clara es depende para qué. Porque para los comercios habituales, en los canales habituales y con los productos habituales la caída en las ventas es innegable. Pero cuando llega una propuesta nueva, con una expectativa muy trabajada desde las redes sociales y con productos que evidentemente el público quiere, se rompen todos los récords en cada inauguración.
“Yo creo que, si bien el consumo está un poco caído, la realidad es que hay lugar para las marcas nuevas. Evidentemente lo que esperan los consumidores es eso”, detalló Jamardo Arrigo.
Entonces la clave está en la oferta: ante un presupuesto cada vez más reducido, el consumidor elige poner su dinero opciones novedosas, con la posibilidad de comprar lo que ve en redes sin tener que viajar y a un precio similar o incluso menor que comercios similares.
“El 90% de los productos valen entre 2.000 y 25.000 pesos, también tiene muy buen diseño y una de las fortalezas son las licencias comerciales a nivel mundial” destacó Jamardo Arrigo. Y es evidente que cuando se unen buenos precios, productos en tendencia y una oferta atractiva, el consumidor argentino responde a pesar de la situación general.
Un poco por pertenecer (mostrar en redes la compra es casi obligatorio) y otro poco para aprovechar una oportunidad que antes no existía, está claro que el perfil del comprador va cambiando. Queda en cada marca innovar, reinventarse y hacer lo necesario para adaptarse y sobrevivir, o ser un número más en la estadística del bajo consumo generalizado.